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Depresión Sonriente: Cuando el dolor emocional se disfraza de normalidad

El pasado 13 de enero se conmemoró el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, una fecha que busca visibilizar este trastorno que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), afecta a 280 millones de personas, incluyendo a 23 millones de niños y adolescentes. Este trastorno es la principal causa de discapacidad a nivel mundial y contribuye significativamente a la carga general de morbilidad. Sin embargo, no todas las formas de depresión se manifiestan con tristeza, apatía o aislamiento social.

La depresión “sonriente”, conocida científicamente como “trastorno depresivo mayor con alto funcionamiento”, se caracteriza porque quienes la padecen presentan una fachada de bienestar, pudiendo continuar con sus responsabilidades laborales, sociales y familiares sin que su comportamiento exterior sugiera el profundo malestar que sienten internamente.

Felipe Parra Salgado, psicólogo de la Universidad San Sebastián, explica que “la depresión es un trastorno del estado de ánimo que se manifiesta con una tristeza persistente, pérdida de interés o placer, y otros síntomas como fatiga, alteraciones del sueño y dificultades cognitivas”. A menudo, quienes sufren de este tipo de depresión mantienen una imagen de fortaleza y eficiencia, lo que no implica que su condición sea leve. El esfuerzo por seguir adelante puede resultar en un alto desgaste emocional y físico.

Además, el profesional señaló que “las personas con depresión sonriente parecen estar bien por fuera: sonríen, trabajan y cumplen con sus responsabilidades, pero internamente enfrentan un profundo malestar emocional”. Esta forma de depresión puede ser peligrosa porque puede pasar desapercibida, retrasando la búsqueda de ayuda.




Entre los síntomas de la depresión, están la tristeza persistente, la culpa excesiva, la desesperanza y alteraciones en la concentración. En el caso de la depresión sonriente, las personas pueden mantener un funcionamiento externo adecuado mientras experimentan un profundo agotamiento interno y desconexión emocional.

Felipe Parra también enfatiza la necesidad de un abordaje terapéutico integral y personalizado. “El tratamiento debe incluir psicoterapia enfocada en la expresión emocional y en la autoexigencia, así como en la dificultad para mostrarse vulnerable”, indica. La psicoeducación es crucial para ayudar a las personas a entender que no necesitan “poder con todo” y fomentar redes de apoyo.

Cabe señalar que hablar de depresión con responsabilidad no genera alarma; permite reconocer, acompañar y tratar. La salud mental debe ser vista como parte de la salud integral, lo que implica fortalecer la atención primaria y reducir el estigma asociado al sufrimiento psíquico.

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Recuerda que pedir ayuda es un signo de fortaleza y el primer paso hacia el bienestar.